¿Esclavos de la tecnología? ¿Necesitas desconectar?

Esclavos de la tecnología

¿Estamos seguros del mundo al que nos dirigimos? Quizás suene raro viniendo de una persona que se quiere dedicar a la programación y que, durante su vida laboral, el gran grueso de sus clientes ha sido gracias al negocio online. ¿Pero realmente es buena idea dirigirnos a un mundo en el que nos estamos convirtiendo en esclavos de la tecnología? En ocasiones, yo, necesito desconectar.

No te eches las manos a la cabeza, no propongo una vuelta al medievo ni reniego de la tecnología. Ni muchísimo menos. De hecho, soy una persona inquieta en ese sentido y me encanta descubrir nuevas aplicaciones. También me gusta trabajar en el desarrollo de programas que puedan resolver necesidades de las personas. 

A ver Manolo, aclárate, ¿qué problema tienes entonces con la tecnología? Muy sencillo, creo en una tecnología que te permita solucionar tus problemas del día a día, no que te los cree. Creo en una tecnología que te ayude en tu trabajo, no que te ate a él 24 horas al día los 365 días del año. En una tecnología que te acerque a tus seres queridos, no que les permita controlarte. Creo en una tecnología que nos ayude a crecer como personas, no que sea destructiva.

Sin duda, pienso que la mayoría de los programas y aplicaciones son creados con buena intención, pero después llegamos como usuarios finales y la liamos parda. Nos dan la mano y cogemos el brazo y así acabamos siendo esclavos de la tecnología.

¿Vemos algunos ejemplos?

El móvil

Obvia decir que tengo móvil. El concepto como tal y la ampliación a smartphone cumple con mis premisas de producto tecnológico que cubre unas necesidades y facilita la vida del usuario.

Reconozco mi fallo al haber tenido durante muchos años mi número personal como contacto de trabajo. ¿Pero de verdad crees normal que clientes llamen un viernes a las doce y media de la noche o una mañana a las siete menos diez? Son el récord, pero a otras horas intempestivas podría contarlas por cientos.

Cuento otra situación que también me pareció surrealista. Ese año había decidido cerrar los sábados y recibo una llamada, cómo no, un sábado poco antes de las diez de la mañana (el horario normal entre semana empezaba a las diez). Contesto. “¿Es Sube un Escalón?”. Pienso que quizás sea alguien que haciendo un pedido en la web tiene algún problema y como el teléfono está muy visible ha llamado, para mi sorpresa la cosa continúa: “es que estoy en la tienda y en el horario pone que hoy no trabajáis y quiero encargar una taza”. ¿En serio?

Esto a nivel laboral, pero más allá también hay muchos casos de gente que te llama, si no puedes contestar en ese momento o simplemente no has escuchado el móvil. “Antes te llamé y no me lo has cogido”, “te llamé hace dos horas” o el clásico “¿Y si me hubiese pasado algo?” (leer todos con entonación enojada y claro reproche). Por cierto, la mayoría de las veces suelen ser temas tan urgentes como “era para que comprases xxxx”, “en que tal programa no me va” o “en que nos faltaba uno para el padel” (creo que todas estas personas siguen vivas y han podido seguir su vida sin secuelas).

¿Soy al único que esta obligación a contestar inmediatamente y tener que dejar todo lo que esté haciendo para salvar la vida de sus conocidos le crea ansiedad? Me reafirmo, creo que nos estamos volviendo en esclavos de la tecnología, y es necesario saber cuando desconectar.

WhatsApp

Si esto fuese una serie, sin duda este sería mi supervillano, y oye, tengo whatsapp. La mensajería instantánea ha sido una de las grandes revoluciones de la última década. El salto del ya antiguo MSN a poder llevar en tu móvil una aplicación para tal fin es una pasada. ¿Necesitas hablar con tu familia o amigos? a un “click” de distancia. Como empresa ¿tus clientes tienen una duda? Estoy aquí, en el botoncito verde.

El problema viene cuando algo tan útil se convierte en una cadena, en algo que la sociedad te impone como obligación, y lo peor de todo, inmediato. 

Hace años que comprendí que muchas personas utilizan WhatsApp como si fuese un email. En ese momento se acuerdan, te dejan una consulta, independientemente de la hora y quedan a la espera de que tú les respondas cuando puedas. A estas personas, nada que reprochar. 

Sin embargo, otras permanecen a la espera, ansiosas por ver ese doble check azul, “¿lo tendrá deshabilitado?”, “está en línea y no me contesta” y ahí deciden enviar su “??”. Vamos a ver señor… es domingo por la tarde NO le voy a contestar.

Pero una vez más esto es a nivel laboral, pero vamos más allá: grupos de padres del colegio, mensajes a cualquier hora del jefe, parejas controladoras… y la lista sería interminable.

Grupos de padres.

En mi generación mis padres no conocían a la mayoría de los padres de mis compañeros. Creo que casi todos hemos superado ese trauma. Ahora ese grupo es imprescindible y lo habitual es que genere más roces y fricciones entre los miembros, así como volver más irascible al grupo frente a profesores. En realidad, ¿qué temas tan importantes hay que tratar a diario en los que sea necesaria la intervención y opinión de todos los padres? ¿Para qué es útil? ¿Por si al niño se le ha olvidado apuntar que deberes hay que hacer? Quizás hay que hacer mayor incidencia en que los niños desarrollen su responsabilidad para apuntar sus propias cosas a solucionarles por esta vía sus errores.

Una lista de difusión o grupo de Telegram donde el tutor o profesor pudiese emitir comunicados (sin réplica) y le permitiese mantener su privacidad quizás lo vería bien.

Con la tutora hablaban una vez al año. Si lo hacían más, probablemente es que algo estabas haciendo mal.
Hoy en día, al menos la madre delegada suele tener el teléfono de la profesora y lo peor es que por lo general se suele contactar con la misma para cosas triviales.

Contacto directo con el jefe.

Está bien poder establecer de forma inmediata una conexión jefe-empleado para ocasiones puntuales y solventar incidentes excepcionales (cubrir a un compañero que se ha puesto enfermo, un cambio de turno…).

Sin embargo, conozco casos donde esto se lleva al extremo y se vuelve cotidiano, impidiendo al trabajador organizarse. Además, estando siempre a expensas de conocer si trabajará al día siguiente, el horario o simplemente solucionar dudas que el jefe tenga tras terminar su jornada laboral.

Podría seguir con mil ejemplos relacionados con esta dependencia que estamos dando en el día a día a la tecnología ¿Qué piensas al respecto? ¿Crees que nos estamos convirtiendo en esclavos de la tecnología?

Por mi parte seguiré intentando disfrutar de las mejoras y ayudas que nos ofrece la tecnología, pero intento no olvidar aquellas cosas que te hacen sentir un poco más libre y que te ayudan a encontrarte con tu familia y amigos, con tu entorno y principalmente, contigo mismo.